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RTICULO
de opinión

El dentista y la neurotización

Publicado en marzo 2000 en GACETA DENTAL

Autor:
L. M. ILZARBE
Médico estomatólogo Investigador asociado al Instituto CEEI, Parque Tecnológico. Paterna. Valencia


" La capacidad mental de una persona es inversamente proporcional a la capacidad de ruido que soporta "
     Schopenhauer

Ref.- "GACETA DENTAL
nº 106, MARZO 2000"

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ESUMEN a a

 
Entre los recuerdos de mis tiempos de universitario me viene a la cabeza con cierta frecuencia esta máxima de nuestro profesor de Medicina e Higiene: "El campo, idiotiza; la ciudad neurotiza".

La vida en el ambiente rural puro, por la falta de estímulos intelectuales, tiene el peligro de conducir a los individuos a la atrofia o reblandecimiento o merma (no encuentro la palabra adecuada) de las capacidades mentales. Otra cuestión es que la persona que vive en este ambiente se preocupe de su desarrollo, y ejercite convenientemente su intelecto.

Por contra, la patología posible y frecuente de la ciudad es la neurotización de los individuos por el sobreestímulo constante a que son sometidos desde cualquier frente: presiones familiares, urbanas, sociales, de trabajo,...

La cuestión es que hay dos posibles patologías distintas según el medio, la idiotización en el rural y la neurotización en el urbano.

Hace poco, he leído en una revista que si uno quiere ser longevo debe evitar una serie de profesiones, dentista una de ellas. Desde luego, no me extraña ver nuestra profesión entre las más estresantes, y cada vez con mayor motivo.

Practicamos una labor extremadamente peligrosa en lo referente a salud psíquica que puede facilitar, añadida al resto de abundantes ingredientes urbanos, que terminemos en la neurotización. Al trabajo cotidiano en nuestro consultorio, se acumulan hoy día múltiples argumentos de inestabilidad que abundan en la herida: apertura de nuevas clínicas, la espada siempre levantada de la posible demanda por responsabilidad civil, Hacienda deshaciendo nuestras contabilidades, seguros dentales,....

Dijo Schopenhauer que la capacidad mental de una persona es inversamente proporcional a la capacidad de ruido que soporta. Pensamiento de gran actualidad, porque si hay una época que pueda ser calificada de ruidosa esencialmente, ésa es la nuestra. No sólo debemos contar con el ruido propio del mundo urbano, de la calle, en el que nos desenvolvemos muchos de nosotros: tráfico, motores, obras,... Hay que agregar el gran ruido en su presentación más genuina, formato por excelencia de nuestra gran civilización: la música basura. Por donde vas o vuelves, entras o sales, bajas o subes, está omnipresente la radio con la emisión constante, neurotizante e impenitente de música basura. ¿Quién no ha tenido la desagradable vivencia de parar en un semáforo al lado del cafre de turno, manos fuertemente asidas al volante, mirada fija hacia ningún lugar, con el radiocassette a todo trapo y las ventanillas bajadas, bramando por cuatro o seis altavoces música barbaro-basura, bacalaera quiero?.

Cabría investigar si el incisivo pensamiento de Schopenhauer es recíproco, de modo que si el sabio consideraba la capacidad mental elevada incompatible con los ruidos, ¿podrán los ruidos, en su forma genuina, la música basura, reducir la capacidad mental de los oyentes? (Quizás fuera esta una cuestión a tener en cuenta por los pedagogos como punto de partida para solucionar determinados aspectos del fracaso escolar).

De la misma forma que una aceleración constante y repetitiva por encima de lo recomendado en un vehículo puede fundir su motor, presumo que el machaqueo sensitivo intenso, repetitivo y asincrónico contra las delicadas células cerebrales, que a través del oído genera la música basura, puede perfectamente dañar la capacidad mental del individuo. Está plenamente establecido que el boxeo es una actividad nociva pues la reiteración de golpes causa daños físicos irreparables. Igual es posible considerar con respecto a los ruidos, duros y sin concordancia.

Si queremos conservar nuestra capacidad intelectual, que hace falta en la profesión, por supuesto debemos alejarnos en lo posible de los traumas acústicos gratuitos. La música en los consultorios será apacible, relajante y constructiva.

Igual podríamos hablar de los colores, las actitudes, los horarios,.. y tantos y tantos elementos que ergonómicamente bien dirigidos nos alivien de algún modo del estrés que el propio ejercicio de la profesión tiene en sí. Los contaminantes físicos y psíquicos urbanos que nos rodean son muy abundantes y hay que saberlos reconocer adecuadamente. Dominemos a la bestia, no que la bestia nos domine a nosotros.

Don Santiago Ramón y Cajal aconsejaba ya en su tiempo a sus alumnos sobre la conveniencia del esparcimiento para la buena labor de enseñanza e investigación. El pasado año, en una exposición realizada en el Ateneo de Valencia sobre la estancia del genio en nuestra tierra (recordemos que D. Santiago regentó su primera cátedra, la de Anatomía, en nuestra Universidad) pude copiar este pensamiento sacado de su libro "Recuerdos de mi vida", año 1923, en donde hace referencia a las frecuentes excursiones con sus amigos del Ateneo por nuestra región:

"Este oreo literario y político hízome mucho bien, evitando a mi cerebro esas temibles atrofias compensadoras del especialismo profesional, en virtud de las cuales vemos con pena todos los días a matemáticos, físicos y naturalistas insignes discurrir sin cordura y a la buena de Dios en cuanto se les saca de sus habituales estudios, obligándoles a platicar de filosofía, arte o de ciencias sociales..."

La práctica de actividades lúdicas diariamente y en tiempo suficiente, es necesaria para equilibrar debidamente a las personas que cumplen con obligaciones profesionales públicamente reconocidas por los expertos como nocivas para su propia salud. Y la nuestra lo es, y peligrosísima.

La neurotización por sobreestímulos es una constante en nuestro entorno y debemos combatirla tenazmente sobre la base de una organización idónea tanto del consultorio como del tiempo libre (deportes moderados, práctica de hobbies, cierta vida social, actividad intelectual en otras ramas de la ciencia y cultura,...) de modo que no afecte nuestra salud a la larga, que las coronarias gastan malas bromas.


Luis María ILZARBE
Médico estomatólogo.

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