El Dr. Casterman describió
científicamente a finales del siglo XIX un grave caso clínico de
masturbación: "Una campesina que como consecuencia de su vergonzoso
vicio perdió la nariz, en lugar de la cual le salió una protuberancia
del tamaño de un guisante. Con los labios casi consumidos, la abertura de
la boca tornó tan angosta que era difícil meterle el meñique." .
¿Existe una posible
comparación entre la masturbación y la ortodoxia odontológica?
¿Es posible que un
análisis histórico del onanismo, placer solitario o vicio de los
tímidos, pueda llevarnos a conclusiones odontológicas verosímiles?.
Recientemente el lúcido y
genial dramaturgo español Fernando Arrabal con su peculiar y brillante
estilo realiza un análisis histórico, ¡e histriónico!, es su gracia,
del onanismo. Entresaco a modo alguno de sus párrafos para ilustrar esta
tesis.
Previo a introducirnos, un
apunte propio.
Decía Voltaire que la
gravedad mantenida constantemente no es más que la máscara de la
mediocridad. Asimismo, el valiente filósofo Fernando Savater en Ética
para Amador, su hijo, apostilla: ".. la seriedad no suele ser nunca
señal inequívoca de sabiduría como dicen los pelmazos: la inteligencia
debe saber reír".
Es importante el reparo en
estos matices del pensamiento pues el análisis que emprendo en manos
eclécticas, no dotadas mínimamente para la sonrisa y el humor, no tiene
porvenir alguno. Si alguien utiliza "3 en 1" como desodorante
por las mañanas.... le ruego perdone la intromisión. Pase usted página.
Gracias.
Los avances tecnológicos
han facilitado e impuesto medios impensables hace unos años. Internet es
el paradigma actual de la comunicación por excelencia y los foros de
opinión cibernéticos constituyen hoy los instrumentos más extendidos de
intercambio social y científico.
La odontología por
supuesto no es ajena a la red sino muy al contrario una especialidad que
se ha inmerso en ella rápidamente.
En el ámbito hispano
contamos con una lista de odontología decana, moderada por el Dr. Alonso
Casuscelli, de la Coruña, que recibe una gran audiencia y donde
continuadamente son tratadas interesantes propuestas profesionales.
Constantes enseñanzas en
lo personal y científico emanan a diario de sus mensajes, sea de modo
directo o por el análisis que de lo escrito podemos concluir.
La velocidad en las
comunicaciones va paralela a lo social. Sobradamente cierto es el hecho
que los avances generales y científicos llevan el mismo ritmo acelerado y
que aquéllo que se postulaba como cierto hace 100 años tardaba mucho
tiempo en ser rebatido mientras que hoy los principios caen a un ritmo
frenético, por momentos inconcebible.
Que esta velocidad colosal
en todo sea buena o mala para el hombre es objeto de análisis profundos
por las mentes más lúcidas. Muchas son las voces que alertan ante el
desconocimiento caótico que se está derivando entre tanta presteza y tal
ingente volumen de información y sus posibles nefastas consecuencias
futuras.
Médicos de la extrema
derecha a la extrema izquierda, sin distinción de credos ni ideas,
fundían su voz rigurosamente científica contra la masturbación. Así
un ateo radical, el doctor Alexis Clerc prescribió "la
infabulación o la clitorictomía... para que cese esta locura que causa
cada día mayores daños", mientras tanto el doctor Acton en 1851
prefirió emplear "una especie de camisa de fuerza". Por su
parte el Doctor Milton proponía en 1887 un tratamiento localizado,
acción directa sobre el órgano responsable, veamos: "anillos con
puntas de acero para que, colocados en el pene, provoquen un dolor
insoportable en caso de erección". Todo un placer para evitar el
placer.
Los psicólogos definen la
inteligencia como la capacidad de adaptación del hombre a una nueva
situación. El más inteligente llega con rapidez. Al menos, le cuesta
más. Por supuesto, ante algunas actitudes extremadas de estos últimos
queda uno pensativo e interrogándose: "Pues hasta hoy yo había
considerado que los animales se desplazan a cuatro patas...".
Especialmente renuentes a
los avances son las mentalidades de excedido rigor ortodoxo pues es sabido
que son precisamente los menos dotados de razón quienes se aferran
ciegamente a la enseñanza reglada por miedo a dejar en evidencia sus
calvas neuronales.
Ni el servicio doméstico
quedaba libre de sospecha ante los colegas de ayer en su cruzada por la
defensa de los pacientes frente a la plaga de Onán, el padre de la
depravación. Un médico español aseguró a su tiempo que pueden causar
esta "enfermedad... ciertas prácticas viciosas de nodrizas y
niñeras para acallar el llanto de los niños". ¡¡Qué ladinas las
sirvientas del hogar!!.
Un nivel ortodoxo es
obligado en el intelectual pero sólo como base del edificio de los
conceptos. Este pensamiento en muchas ocasiones va en el mismo carro de
tendencias acompañando al dogmatismo, cuestión muy peligrosa para el
diálogo y el avance, y siempre próxima a la temible actitud radical. La
presencia de este tipo de elementos en los foros de opinión genera roces
por su acendrada intransigencia. Pero casualmente son los ortodoxos de hoy
los mismos que hace pocos años, y sin solución de continuidad,
defendían con denuedo posturas totalmente contrarias. El fariseismo entra
en acción. Peligro. Sigamos con los datos históricos comparativos.
El doctor Deguise
finalizando ya el siglo XIX asombró y convenció a propios y extraños al
exponer con solidez ante sus colegas un sutil procedimiento clínico que
había puesto en práctica en una desgraciada víctima: "Durante un
año entero, a pesar de las súplicas del joven paciente, le he mantenido
el pus en el canal de la uretra con cauterizaciones repetidas; le causaban
una irritación que le hacían imposible cualquier toque. Hoy el joven,
que ya es un hombre, agradece mi tenacidad."
(Nota: Realmente, para
establecer un juicio correcto, hubiera sido necesario aportar la versión
del joven afecto. Lamentablemente carecemos de ella.).
Los clínicos recurrían a
todo procedimiento conocido y por conocer para lograr sus benéficos fines
y naturalmente la persuasión entró al trapo. A André Gide por ejemplo
el doctor Brouardel le espetó amenazante: "Estos son los
instrumentos a los que tengo que recurrir cuando opero a los niños como
tú... ", mientras señalaba una serie de hierros y lanzas de Tuareg,
los temibles y aguerridos hombres azules del desierto, colocadas detrás
de su sillón.
Los familiares en
consonancia con los galenos amedrentaban a sus hijos. Julien Green relata
que a sus seis años, 1906, su madre blandiendo un cuchillo le gritó
repetidamente: "I'll cut it off" (¡¡te la cortaré!!). Al
tiempo el médico de Julián Blanc, 1920, recetó a su familia que
"ataran las manos a la cabecera de la cama durante varias semanas
".
Y llegamos al testimonio
esencial. Remarcando su limpia imparcialidad "me sitúo exclusivamente
en el terreno científico" el doctor Tissot, catedrático,
librepensador y doctor en Medicina, gran especialista del momento...
consideró "la masturbación es una infamia, un asesinato y una
costumbre criminal". En 1775 expuso la fatal historia de un relojero
de 17 años de salud incólume... pero... veamos qué pasó: "A
partir de esa edad se masturbó.... Al verse consumir horrorosamente
decidió transformarse, pero era demasiado tarde... Preso de espasmos y
diarreico... Babeaba día y noche, y sin fuerza alguna renunció a su
profesión... Vivía tumbado en un saco de paja despidiendo un olor
fétido, y paralítico... Perdió la memoria antes de morir con el cuerpo
cubierto de edemas."
Amiel ante el superior
magisterio de Tissot se vio obligado a lavarse sus zonas pudendas con
vinagre... prometer que sólo comería sopa y frutas durante un largo
periodo de tiempo en señal de penitencia... Se planteó comprar hielo
picado e ingerirlo a modo de cena " para que mis sueños sean
fríos..." En 1840 escribe sin embargo "Me repito aterrado lo
que dice el doctor Tissot: Cada polución es una puñalada en mis propios
ojos".
En el foro del Dr. Alonso
Casuscelli se anda discutiendo en la última época acerca de la recta
redacción de los trabajos científicos. Un eminente colega argentino, Dr.
Horacio Martínez, de modo gratuito dirige un magnífico curso interactivo
al efecto.
El campo de la
implantología oral ha visto cómo en muy pocos años, escasamente cinco,
los conceptos alrededor de los implantes dentales han virado radicalmente.
Indudablemente los métodos establecidos por la escuela sueca fueron
excesivamente rígidos y dogmáticos (propios de las razas nórdicas) y a
ellos se aferraron de un modo radicalmente integrista los sabios del
momento (recordemos: ortodoxia y dogmatismo de la mano, peligro).
Estos severos profesores
de la ciencia odontológica y sus adláteres que tan sólo hace unos años
abogaban por la carga diferida de los implantes dentales, uno de los
pilares básicos del método, han constatado cómo actualmente las
principales firmas comerciales y escuelas científicas organizan cursos
monográficos con la carga inmediata como reclamo publicitario de
asistencia.
La carga diferida fue
establecida al amparo de profundos estudios científicos publicados en
rigurosos Journals internacionales. Jocosamente, para los que somos
abiertos de mente y practicamos una sana heterodoxia, esos mismos
rigurosos Journals han albergado en sus sumarios rigurosos estudios
científicos estableciendo la realidad de la carga inmediata. Todo lo
contrario. ¿Dónde está el fallo? ¿En estos o en aquellos?. Pues los
heterodoxos creemos que en ambos.
Durante cerca de siglo y
medio la ciencia médica estuvo convencida de un modo determinante acerca
de la masturbación y sus execrables resultados. La Enciclopaedia Británica, publicación seria donde las haya, por muchísimos años
definió al onanismo bajo el duro adjetivo "very great crime".
La misma Enciclopaedia en 1974 vira en redondo: "Numerosos
especialistas del comportamiento sexual preconizan las ventajas de la
masturbación describiéndola como una práctica sana , que procura
placer, calmante, y que hace bajar la tensión." Recientemente un
eminente educador pontificó: "La masturbación es la regla... la
anomalía no es la masturbación, sino su ausencia."
Afortunadamente los sabios
de nuestros días han asumido con comedimiento el giro conceptual pues de
haber caído las reglas clínicas en manos de los mismos científicos de
los siglos pasados con facilidad la masturbación podría haber sido
incluida obligatoriamente en los planes de estudio y exigida de 5 a 7 en
las Escuelas Públicas.
La ortodoxia debe siempre
pasar por el tamiz de la duda. Del pensamiento del gran Arrabal me valgo
para finalizar este artículo:
"Cuán fácil es
sonreir con superioridad de los monstruosos errores de ayer, y cuán
difícil desenmascarar las barbaridades en que todos creemos hoy. Y cuán
más dificil aún resulta cultivar humildemente el arte de dudar de
nuestros convencimientos. ".
Y es Arrabal igualmente
quien recuerda el verso, y la humildad, al soberbio:
"A mis certidumbres
voy,
de mis certidumbres vengo ,
porque para andar errado
me bastan mis
pensamientos.".
Luis María
ILZARBE
Médico estomatólogo
Valencia, España
http://www.icqmed.com/ilz.htm